El espíritu deportivo en los negocios

El espíritu deportivo en los negocios

La semana pasada cerramos un importante acuerdo de negocios con una compañía extranjera que fabrica y distribuye mobiliario para estadios (Stadium Chair Company). Después de firmar los documentos correspondientes, tuvimos una cena para celebrar el primero de los que esperamos sean muchos proyectos juntos.

Durante la cena, pude conversar de manera más informal con el representante de la compañía. De entre todos los temas que tocamos, el que resultó más interesante y dio pie a mayores comentarios fue el de la relación entre el deporte y los negocios.

Todos sabemos o al menos hemos escuchado el comentario de que deportes como el soccer, el baseball o el futbol americano son “puro negocio” y la verdad es que no sé por qué nos sorprendemos ante tal afirmación. Los jugadores profesionales son, como el adjetivo lo indica, expertos en una actividad y al igual que cualquier ingeniero, constructor o profesor merecen una remuneración por su trabajo.

Tampoco podemos negar que contemplar una competencia deportiva es una forma de entretenimiento, que por una parte nos proporciona una recreación y por otra, implica diversos gastos. De ahí que no deba sorprender el hecho de que se generen transacciones y movimientos financieros por organizar, promover y transmitir un evento deportivo.

El deporte, como el cine, la edición o la venta de mobiliario para estadios son actividades con participación económica y en este sentido, lo único que debe sorprendernos o indignarnos es que dichas actividades no se lleven a cabo conforme a las leyes.

No obstante, la conversación que tuve con mi nuevo cliente no se decantó por el tema de las actividades económicas que se desarrollan en torno al deporte, sino que se refirió a los elementos del espíritu deportivo que también están o deben estar presentes en el ámbito de los negocios. De ahí que todos los presentes nos sintiéramos aún más interesados.

Cuando se habla de fomentar la práctica deportiva desde la infancia, se destacan principalmente los beneficios que aquella tiene para la salud, el desarrollo psicomotriz o las habilidades de socialización de los niños. Por supuesto que tales aportaciones son fundamentales y más que suficientes para practicar el deporte a cualquier edad.

No obstante, los deportes, tanto individuales como de equipo, ayudan a desarrollar habilidades útiles en diversos ámbitos de la vida y el de los negocios es uno de ellos.

Estas son algunas de las cualidades que la práctica y el espíritu deportivo pueden aportar al mundo de los negocios:

Tenacidad

Sin importar el talento natural que se posea, para triunfar en el deporte o para ser constantes en su práctica, la tenacidad es indispensable. Hay que entrenar a diario, o al menos con regularidad, ejercitar una y otra vez los movimientos o técnicas que permitirán un buen desempeño, e intentar una y mil veces hasta no fallar. Lo mismo aplica cuando se trata de consolidar una empresa o cerrar un trato.

Competitividad

El deporte puede darnos muchas lecciones acerca de esta virtud, que suele ser muy apreciada, pero que no siempre se comprende bien. La creencia común es que ser competitivo significa tratar de ganar a toda costa. No obstante, lo que realmente implica competir es medirse con aquellos que incursionan en la misma práctica que nosotros, reconocer y respetar sus capacidades y aprender de ellos para superar nuestras limitaciones.

Liderazgo

Los deportes de equipo son especialmente relevantes para comprender y poner en práctica esta cualidad. Incluso si no eres el capitán podrás reconocer las cualidades de quienes te dirigen y así cultivar las propias. Por su parte, los deportes individuales dan mayores oportunidades de conocer tanto las cualidades como las limitaciones personales, algo que es indispensable para un líder.

Tolerancia a la frustración

Cuando se trata de incursionar en un deporte competitivo, la mayoría de las veces pensamos en ganar y no consideramos la otra posibilidad evidente, la de perder. Todos queremos evitar la derrota y hasta preferimos no pensar en ella, pero ésta es un componente, no sólo del deporte, sino de la vida. Competir y ganar es una gran satisfacción; pero competir y perder es una oportunidad para conocer nuestros límites, identificar aquello en lo que podemos mejorar y aceptar que la posibilidad de la derrota existe, pero que pasar por ella no es sinónimo de un total fracaso.

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